Lucrecia Martel, entre viajes, premios, cortos y proyectos
La talentosa realizadora de La ciénaga, La niña santa y de La mujer sin cabeza concluyó su corto del Bicentenario inspirado en Sarmiento, fue galardonada en México (foto) y, en una entrevista con el diario salteño El Tribuno, repasa su actualidad, habla de cine y literatura, exalta el matrimonio igualitario y adelanta sus planes.
Luego de haber viajado a Madrid para acompañar una retrospectiva de sus tres
largometrajes, Martel estuvo en el festival mexicano Expresión en Corto para
recibir el sábado último el principal premio de ese evento, en el teatro Ángela
Peralta. Estuvieron presentes la embajadora argentina en México, Patricia Vaca
Narvaja, y la directora de la muestra, Sara Hoch, encargada de entregarle la
Cruz de Plata. “Cuando empiezan los homenajes uno empieza a sentirse vieja,
pero estoy muy contenta de estar acá. La gente es increíble”, dijo la
realizadora salteña. Además, ya tiene listo para ser presentado antes de las
funciones regulares de los cines La nueva Argirópolis, su
cortometraje sobre el Bicentenario.
Entrevista publicada por el diario El Tribuno de
Salta
"Mirar con detenimiento una familia puede revelarnos el
siglo entero”
Por María Fernanda
Abad Lucrecia Martel es difícil de ubicar. Es muy movediza. Suele
estar poco tiempo en un mismo lugar. El primer intento de contacto -infructuoso-
sucedió en junio. Pasó fugazmente por nuestra provincia para ver a su familia,
de regreso de un viaje al fangoso interior del Chaco. Ya en Buenos Aires, viajó
a pueblos alejados de la gran ciudad para editar el resultado de sus
filmaciones. ¿Teléfono? Sólo es posible acceder al de la casa familiar acá en
Salta, donde siempre atiende, amablemente, su mamá: “Mejor escribile un e-mail.
Ella siempre anda con su computadora a cuestas”, aconseja. Escribo. Y ahí está. Se hace esperar, pero finalmente
devuelve las respuestas a una entrevista que intenta repasar su presente y
-también- algo de lo que ha sido, porque -se sabe- el ser humano está atravesado
de pretéritos.
Martel es sobria, brillante,
gran hiladora de palabras. La cualidad, por supuesto, va de la mano de su
claridad conceptual. “Es un misterio que esta provincia (Salta) tan rica en
gente, idiomas y culturas se promocione por sus paisajes”, lanza sin ambages,
haciendo trizas miles de horas de publicidad oficial.
Y calando más hondo, con relación a debates muy
candentes, postula: “(El hombre crea las instituciones) para su felicidad, no
para el martirio. La vida es transformación (...). Se conserva lo que está
muerto (...) . Lo vivo fluye, rompe las barreras”.
Con esta misma claridad encara sus films. Con tan
sólo tres largometrajes, la realizadora salteña (1966) se ha consolidado como
una de las cineastas más interesantes del continente y de su generación. Desde
su asombroso debut -La ciénaga, 2001- Martel ha conformado un
lenguaje fílmico original e insólito, provocador y nostálgico.
-Estás incluida en el proyecto 25 Miradas
lanzado por la Nación en el el marco del Bicentenario, junto a un grupo de
reconocidos directores convocados para filmar cortometrajes. Algunos encararon
sus proyectos por el lado de la historia, ¿por dónde va el tuyo?
-Una conspiración en el sentido de la corriente del
río. Es una ficción, levemente inspirada en Argirópolis, de
Sarmiento. En 1850, Sarmiento propone crear una capital en la isla Martín
García, para la Confederación que podían conformar Uruguay, Paraguay y
Argentina. Y en ese mismo texto escribe sobre la importancia de la navegabilidad
de los ríos. Siempre me llamó la atención la audacia de ese texto político. El
corto está inspirado en esa audacia.
-¿En qué etapa está
el cortometraje?
-Lo están ampliando a
35 mm.
-Sé que estuviste
en el Chaco filmando para este corto. Seguramente entraste en contacto con
comunidades muy olvidadas, absolutamente postergadas. ¿Te interesa mostrar estas
otras realidades en tu cine? Hasta ahora tus filmes fueron de mucho “encierro”,
de profundos conflictos psicológicos... Y uno a veces cree que los dramas
relacionados con la pobreza suenan a “grito”, aunque a lo mejor sea un
prejuicio...
-No hace falta viajar
mucho para entrar en contacto con comunidades olvidadas y postergadas,
lamentablemente. En esta ficción eran importantes las conversaciones secretas y
nada más indescifrable y lleno de secretos para un criollo que un idioma
aborigen. Esa es la razón de que hayamos grabado escenas en quechua, qom (toba)
y guaraní. Mi corto nos acerca, levemente, a una conspiración. Es un misterio
que esta provincia tan rica en gente, idiomas y culturas se promocione por sus
paisajes. ¿Es un misterio o nuestra añeja ignorancia?
Lucrecia Martel, como otros miembros de lo que se
ha dado en llamar el Nuevo Cine Argentino, es una gran creadora de paisajes
emocionales. Sus films son inquietantes introspecciones cargadas de tensión.
Nada está del todo nítido ni asumido, simplemente porque Martel “sospecha” de
todo aquello que alimente el postulado de que la realidad que conocemos es
“natural” e inalterable.
-¿Sos consciente
de que tu propuesta, un poco ajena a ciertos esquemas comerciales, genera a
veces resistencia? ¿Por qué elegís estar donde estás, desde el punto de vista
artístico digo?
-Los esquemas
comerciales gobiernan casi todo. Pero el mundo está lleno de esquemas no
comerciales. Es muy curiosa esa paradoja. Me gusta compartir con la gente
determinadas percepciones del mundo. No a toda la gente le interesan esas
percepciones. No me parece un problema. Lo importante es que haya variedad de
visiones del mundo.
-Tus películas
siempre parecen tener un doble fondo. Aunque la escena sea bucólica, subyace
cierta tensión. ¿Buscás siempre ese efecto? ¿Por qué?
-Lo que más me ha llamado la atención, desde
chica, es esa pretensión de creer que la realidad es natural. Que el mundo que
conocemos es así, inevitablemente. Nunca he sentido que el mundo sea algo dado,
sino una construcción muy sofisticada de nuestra imaginación. Para bien y para
mal, el mundo, la realidad, lo real, lo hemos creado nosotros. Sospechar sobre
su naturaleza natural es algo que intento en cada escena, por ingenua que
parezca. A veces me sale. Esa es mi posición política en el cine.
-Dijiste alguna
vez que “todos los detalles (de un filme) son autobiográficos, pero la totalidad
es una ficción”. ¿Te molestan las lecturas que buscan permanentemente
referencias autobiográficas en tus películas?
-Es esa parte de tilinguería que tenemos todos. No
me molesta, me divierte. Pero creo que es una búsqueda que no lleva muy
lejos.
-También dijiste
que en las películas se percibe “lo no genuino cuando uno desconoce las
experiencias de lo que está mostrando en una escena”. ¿Por eso la sociedad
salteña siempre está ahí, latiendo en tus filmes?
-Soy salteña. Donde voy soy salteña. Es imposible
que no se note en la películas. Si filmara una película en el espacio,
seguramente un extraterrestre le diría a otro: “Qué hedionda está la nave, hay
que botar los ceniceros”. Es difícil alejarse de uno.
-¿Por qué el
núcleo donde se desenvuelve la acción en tus películas siempre es la
familia?
-La familia es el escenario
privilegiado de todos los males y bienes de la sociedad. Mirar con detenimiento
una familia puede revelarnos el siglo entero. Es lo que más conocemos, lo que
nos protege y lo que nos encarcela. Esa naturaleza tan compleja es
fascinante.
-Aparte de la
familia siempre están presentes los niños, el clima provinciano, la sexualidad
ambigua... ¿Tenés temas recurrentes? ¿Es una elección o una
consecuencia?
-Es parte de mí,
supongo. Quizá sí hay algo recurrente, me da miedo la idea de que las cosas sean
cíclicas. Lo cíclico es la inmovilidad, en cierto sentido. De chicos jugábamos a
las rondas, cantábamos canciones que volvían al mismo punto, es una manera de
conjurar lo cíclico, me parece.
Además de tener
una posición política en el cine, Martel tiene una posición tomada frente a la
vida. Una cosa va de la mano con la otra, claro. La vigorosa coherencia se
revela cuando la cineasta opina sobre temas de actualidad como el matrimonio
igualitario, recientemente aprobado por el Congreso de la Nación.
-En un mail me
decías que estás “muy comprometida con estos cambios históricos” ¿A qué cambios
te referís y de qué manera te sentís comprometida?
-Estoy comprometida con este debate que se ha dado
en la sociedad acerca de su naturaleza y su transformación, acerca de la
naturaleza humana y sus múltiples modos. Me refiero a las discusiones sobre el
matrimonio igualitario. Fijate que en la torpeza intelectual de los discursos de
quienes votaron en contra siempre subyace una idea de la familia, del ser
humano, inalterada. Desde el principio de los tiempos las cosas son de un
determinado modo; por mandato divino o por necias lecturas legales, las cosas
permanecen inalteradas. En el discurso opuesto, que yo avalo, la sociedad está
en movimiento, se transforma. Las instituciones son estructuras de funciones, no
roles asignados por géneros. Son instituciones que el hombre crea para su
felicidad no para el martirio. La vida es transformación. Por eso se usa la
palabra conservador para designar el pensamiento de esas personas. Se conserva
lo que está muerto, lo que puede corromperse se mete en una lata al vacío, eso
es una conserva. Lo vivo, fluye, rompe las barreras. Unos yuyos pueden quebrar
el cemento. Lo hemos visto.
-Por la manera
que construís tus películas, sospecho que no fuiste ni sos una lectora ingenua.
¿Con qué escritores te identificás?
-Bueno, uno siempre ante esta pregunta piensa en
los autores que admira y entonces suena a pedantería decir que uno se identifica
con Faulkner, con Puig, con Silvina Ocampo, con Italo Calvino, con Horacio
Quiroga, con Henry James, con Margarite Yourcener. Mi lista es muy desordenada.
Y también me identifico con casi todos los cronistas del siglo XVI al XIX, que
con curiosidad intentaron describir estas tierras que les eran ajenas.
-¿Y qué directores sentís que han influido en tu
manera de hacer cine?
-Todos los que
he visto, supongo. Pero el deseo de narrar me lo contagió mi abuela Nicolasa, mi
abuela Antonia, mi mamá, mi papá, que son grandes contadores de cuentos, cada
uno en su estilo.
-¿En qué otro
proyecto cinematográfico estás trabajando?
-Siempre ando escribiendo. Me han hecho una
propuesta muy extraña, hacer una película sin pretensiones comerciales. Hay un
mundo donde los esquemas comerciales aburren. Veremos qué pasa.
Lucrecia le pone el
punto final a esta entrevista y parte raudamente a Ezeiza para abordar un avión,
esta vez rumbo a México. El proyecto de filmar El Eternauta, se
sabe, quedó trunco, pero la cineasta salteña no deja de engendrar. Quizá pronto
podamos disfrutar de un nuevo estreno suyo en los cines. Los rostros, a la
salida de la función, suelen ser, en Salta, un espectáculo aparte.
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